Una mansión de US$ 16 millones en Manhattan busca nuevo dueño. El vendedor acepta Bitcoin

Una vivienda en Manhattan no está al alcance de cualquiera, y menos tratándose de una mansión. Por ésta, ubicada en el 40 de Riverside Drive, su dueño pide US$ 15.9 millones. Bitcoins serán bien recibidos.

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Cinco años atrás, Roy Niederhoffer buscaba una casa para establecerse con su recién formada familia y comenzó con un proyecto de renovación de una propiedad en Manhattan que había adquirido hace poco. Las modificaciones se llevarían algo de tiempo, así que Niederhoffer rentó otro sitio y se puso a vivir en él.

En aquel entonces la suerte le favoreció, cuando encontró que tres viviendas en las que había sido convertida una mansión en Manhattan habían salido a la venta al mismo tiempo, y tratándose de esa casa, era una oportunidad que no podía desperdiciar. Desde hace mucho tiempo la propiedad le atrajo, una de las mejores en esa zona de Nueva York, según él, de modo que, sin dudarlo, sacó unos US$ 12,9 millones de su bolsillo y se convirtió en su dueño. A futuro, pensó, sería su nuevo hogar.

Ahora, que el proyecto está terminado, Niederhoffer, administrador de un próspero negocio de fondos de cobertura en Nueva York, ha decidido, no sin mostrar resistencia, sacar la casa ubicada en el número 40 de Riverside Drive al mercado.

Manhattan para unos pocos

La responsabilidad de mostrar las innumerables bondades de la mansión hasta conseguir que alguien pague por ellas recayó en las exclusivas agencias de bienes raíces Sotheby’s International Realty y Douglas Elliman Real Estate. La casa tiene más de 900 metros cuadrados de construcción y un precio de venta de US$ 15,9 millones. Niederhoffer dice que con gusto aceptará bitcoins como forma de pago.

“Estoy dispuesto a pagar el papeleo en dólares, con tal de quedarme con todos los bitcoins, si alguien llega a pagarme con esa moneda”, dice Roy, quien se confiesa ferviente partidario de la cripto.

Un edificio de abolengo

El arquitecto de la casa fue Clarence True, quien se hizo de un nombre en la construcción por allá en 1890. Llevó a cabo varios desarrollos de bienes inmuebles en Nueva York hasta comienzos del siglo veinte, entre los cuales se encuentra la mansión del número 40 en Riverside Drive, que se terminó en 1837.

La vivienda fue reseñada por el historiador local Thomas Miller, especializado en arquitectura de época, quien la describió con cinco pisos, cinco baños y un elevador, aunque cuenta con espacio suficiente para cuatro cuartos y cuatro baños adicionales. Desde su terraza puede verse el río Hudson, Nueva Jersey y el parque Riverside.

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Miller cuenta también que su primer propietario fue un acaudalado empresario norteamericano, Henry C. Miner, quien pagó por ella US$ 125.000. Miner, además de ser miembro del Congreso de los Estados Unidos, poseía una droguería, una cadena de teatros y marcado interés en la industria de trenes.

El inmueble pasó por las manos de varios inquilinos tanto o más adinerados que Miner, cuando a finales de 1930 la convirtieron en un instituto de menores y fue separada en varias unidades individuales. Cuando Niederhoffer pudo comprarla finalmente, los pisos inferiores todavía conservaban el estilo original de los años en fue levantada.

 “Mi casa es su casa”

La construcción tiene ahora un piso extra, para un total de seis, y se puede llegar a su interior desde dos entradas: por Riverside Drive, que conduce a la puerta principal, y por la calle 76, cuyo acceso da directamente a una especie de apartamento que incluye jardín propio y una pequeña cocina.

Entre los sencillos lujos de la mansión se pueden mencionar los acabados de mármol en el amplio vestíbulo del primer y la sala privada de cine construida en lo que antes fue una bodega. Está, desde luego, el salón de baile de techos elevados y la chimenea del segundo piso, donde se ubica además una cocina para servicio y un baño completo de mármol junto a su respectivo cuarto.

Existe otra cocina en el tercer piso, donde se encuentra la habitación principal, junto a otra auxiliar, y una cuarta cocina (demasiadas cocinas para gente que generalmente come afuera) en el siguiente piso, que Niederhoffer transformó en un área de entretenimiento con sala de estar, comedor y balcón. Encima de todo esto, en el cuarto piso la familia y allegados de Niederhoffer disfrutan de una biblioteca a prueba de ruidos.

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Una elegante y ligeramente sinuosa escalera transparente lleva hasta el quinto piso de la vivienda, donde hay un estudio y una habitación principal extra, mientras que en el último encontramos un espacioso dormitorio, cuyo techo luce adornado por espléndidas claraboyas y desde donde se tiene acceso a la terraza exterior de dos niveles.

Según Niederhoffer la ausencia de jardines no presenta inconveniente alguno. “Para eso tenemos a Riverside Park”, comenta. “Cuando estoy en el parque, disfruto de la señal privada de mi Wi-Fi; cuando no estoy allí, con mis hijos, los puedo mirar jugar desde la terraza de la casa”.

El dinero tiene la última palabra

Niederhoffer, que también pertenece a la compañía Ópera de la Ciudad de Nueva York, siendo presidente de la junta directiva y al Programa Armonía, una ONG que lleva la enseñanza musical a comunidades menos favorecidas, prosigue:

Nadie que pase una noche en esa terraza, cantando y tocando la guitarra junto la fogata hasta la madrugada, con la hermosa vista de Central Park, querría dejar ir este lugar”, dice, casi con nostalgia.

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En realidad, para este millonario de Nueva York, por más que ame el sitio que estuvo remodelando durante cinco años, el atractivo del dinero que puede obtener al venderlo parece ser mayor. Una propiedad con características tan especiales debería ser más cara, pero su actual dueño la está ofreciendo en sólo US$ 15,9 de los grandes para encontrar rápido un comprador. Y si el pago se hace con bitcoins, mucho mejor.

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