Residentes de Texas demandan a MARA Holdings por el ruido de la minería de Bitcoin

Un grupo de residentes del condado de Hood, en Texas, ha presentado una demanda colectiva contra MARA Holdings, uno de los mayores mineros de Bitcoin del mundo, alegando que el ruido generado por su planta de minería en Granbury ha convertido sus vidas en una pesadilla. La querella, presentada ante un tribunal estatal, acusa a la compañía de operar una instalación industrial que produce un estruendo constante, comparable al de un motor a reacción, durante las 24 horas del día, afectando gravemente la salud y el bienestar de la comunidad local.
La demanda se centra en la planta que MARA adquirió en 2022, originalmente diseñada para albergar una central eléctrica de gas natural. Desde que la compañía transformó el sitio en un centro de minería de Bitcoin, los vecinos aseguran que el ruido de los sistemas de refrigeración y los ventiladores industriales es insoportable. Según los documentos legales, los niveles de sonido superan con frecuencia los 85 decibelios, el umbral a partir del cual la Organización Mundial de la Salud considera que la exposición prolongada puede causar pérdida auditiva.
Este litigio no es un caso aislado. En los últimos años, comunidades enteras en Texas, Nueva York y otras regiones han alzado la voz contra el impacto acústico y energético de la minería de criptomonedas. Sin embargo, lo que hace particularmente relevante este caso es el momento en que ocurre: MARA, como muchas otras empresas del sector, está girando hacia la inteligencia artificial. La compañía ha anunciado planes para reconvertir parte de su infraestructura minera en centros de datos para IA, un negocio que promete ser más rentable y menos volátil que la minería de Bitcoin.
La paradoja es evidente. Mientras MARA busca posicionarse como un proveedor clave de potencia computacional para la IA, los residentes de Granbury sostienen que la empresa no ha hecho lo suficiente para mitigar las molestias actuales. "No se trata de estar en contra de la tecnología, sino de que una corporación no puede imponer su operación a costa de la calidad de vida de las personas", declaró uno de los demandantes en una entrevista con medios locales. La demanda exige una compensación económica y, sobre todo, que la instalación cumpla con las ordenanzas municipales de ruido.
El caso también pone sobre la mesa un debate más amplio sobre la regulación de la minería de criptomonedas en Texas. El estado, conocido por su red eléctrica independiente y sus bajos costos energéticos, se ha convertido en un imán para los mineros de Bitcoin. Pero la falta de una normativa específica sobre emisiones acústicas ha dejado a las comunidades locales sin herramientas claras para defenderse. Mientras tanto, empresas como MARA argumentan que generan empleo y dinamizan economías rurales, un discurso que choca con la realidad de quienes viven a la sombra de sus torres de refrigeración.
El giro hacia la IA añade una capa adicional de complejidad. Si MARA logra transformar su planta de Granbury en un centro de datos para inteligencia artificial, es probable que el perfil de ruido cambie, pero no necesariamente desaparezca. Los sistemas de refrigeración líquida y los servidores de alto rendimiento también generan un zumbido constante, aunque de menor intensidad que los ventiladores utilizados en la minería de Bitcoin. Sin embargo, para los residentes, la promesa de un futuro más silencioso suena hueca sin compromisos concretos.
Expertos en derecho ambiental consultados por este medio señalan que el caso podría sentar un precedente importante. "Si los tribunales fallan a favor de los demandantes, obligaría a todas las empresas mineras en Texas a revisar sus protocolos de aislamiento acústico", explica un abogado especializado en litigios industriales. "Y en un momento en que la IA está reemplazando a la minería como el próximo gran negocio, esta demanda podría definir cómo se integran estas tecnologías en comunidades residenciales".
Por ahora, MARA Holdings no ha emitido un comunicado oficial sobre la demanda, pero fuentes cercanas a la compañía indican que están evaluando opciones legales. Mientras tanto, los residentes de Granbury continúan su batalla, armados con decibelímetros y grabaciones de audio, esperando que el ruido de sus ventiladores no ahogue también su derecho al descanso. La resolución de este caso, sin duda, será observada de cerca por toda la industria cripto y tecnológica en Estados Unidos.
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