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regulacion·6 de mayo de 2026·3 min·CoinDesk

Proyecto de ley sobre criptomonedas no avanzará sin una prohibición de vínculos de funcionarios con la industria, dice la senadora Gillibrand

Proyecto de ley sobre criptomonedas no avanzará sin una prohibición de vínculos de funcionarios con la industria, dice la senadora Gillibrand
Foto: CoinDesk

La senadora demócrata Kirsten Gillibrand, una de las principales negociadoras del proyecto de ley conocido como la "Clarity Act" para regular las criptomonedas en Estados Unidos, ha declarado que la iniciativa legislativa no podrá avanzar en el Congreso a menos que se incluya una prohibición estricta que impida a funcionarios públicos —incluido el presidente— tener vínculos financieros directos con la industria cripto. La declaración, realizada durante una entrevista reciente, pone de manifiesto uno de los últimos escollos en las negociaciones para lograr un marco regulatorio integral.

La postura de Gillibrand refleja una creciente preocupación bipartidista por los conflictos de interés en el ámbito político, especialmente después de que varios legisladores y altos cargos ejecutivos hayan sido señalados por poseer activos digitales o haber recibido donaciones de campaña de exchanges y fondos de inversión vinculados al sector. La senadora, que ha trabajado codo a codo con el republicano Patrick Toomey en la redacción del proyecto, subrayó que la credibilidad de cualquier regulación depende de que quienes la redactan y aplican no tengan intereses creados.

El punto de fricción se centra en la definición de "vínculos con la industria". La propuesta de Gillibrand abarcaría no solo la tenencia directa de Bitcoin, Ethereum u otros tokens, sino también participaciones en empresas de blockchain, fondos de venture capital especializados en DeFi y NFT, e incluso ingresos por staking o minería. La senadora argumenta que, sin esta barrera ética, el público podría percibir que las normas están diseñadas para beneficiar a unos pocos actores poderosos en lugar de proteger a los inversores minoristas.

Este debate no ocurre en el vacío. En los últimos meses, varios informes de la Oficina de Ética del Congreso han revelado que al menos una docena de legisladores no reportaron adecuadamente sus inversiones en criptoactivos, lo que ha generado un clima de desconfianza. Además, la administración actual ha visto cómo algunos de sus funcionarios de alto rango participaron en conferencias patrocinadas por exchanges antes de que se definieran políticas clave sobre stablecoins y custodia digital.

La "Clarity Act" busca establecer un marco que diferencie claramente entre valores mobiliarios y commodities digitales, otorgando a la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) y a la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC) jurisdicciones específicas. Sin embargo, sin la cláusula de prohibición de vínculos, Gillibrand advierte que el proyecto podría naufragar incluso si cuenta con el apoyo de la Casa Blanca. "No podemos pedirle a la industria que cumpla reglas claras si quienes las hacen están sentados en la misma mesa de negociación con intereses personales", afirmó la senadora.

La reacción de la industria no se ha hecho esperar. Mientras que algunas asociaciones como la Blockchain Association han mostrado cautela, argumentando que una prohibición demasiado amplia podría ahuyentar a talento técnico del servicio público, otros grupos de defensa del consumidor han aplaudido la postura de Gillibrand. El dilema refleja una tensión fundamental: cómo equilibrar la necesidad de experiencia técnica en la regulación con la exigencia de imparcialidad absoluta.

Por ahora, el futuro de la "Clarity Act" sigue incierto. Con un calendario legislativo apretado y elecciones presidenciales en el horizonte, la ventana para aprobar una ley integral de criptomonedas se estrecha. La senadora Gillibrand ha dejado claro que no cederá en este punto, lo que podría obligar a los líderes del Congreso a buscar un compromiso que satisfaga tanto a los defensores de la ética pública como a los innovadores del ecosistema blockchain. Lo que está en juego no es solo una ley, sino la confianza en que el Estado puede regular una tecnología descentralizada sin caer en la captura regulatoria.

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