Los gobiernos necesitan CBDC para mejorar la inclusión financiera de los ciudadanos

La exclusión financiera es un desafío persistente. Los datos del Banco Mundial muestran que más de 1.300 millones de adultos no tienen acceso a una cuenta bancaria. Esta población depende del efectivo, lo que crea una brecha con la economía formal.
Los gobiernos deben promover activamente las CBDC como alternativa confiable al efectivo físico. Su adopción masiva es un catalizador vital para lograr una inclusión financiera universal. Proporcionan un punto de entrada sin fricciones al ecosistema financiero.
Un acceso más amplio estimula el crecimiento de un país. Al incluir a más personas en la economía formal, se expande la base de capital total y mejora la estabilidad financiera. Además, los cambios en las tasas de política llegan a más población.
La infraestructura para manejar efectivo en ubicaciones remotas es intensiva en recursos y costosa. Las transacciones en efectivo no dejan un registro digital, creando un vacío de información. Esto hace que las instituciones vean a la población no bancarizada como de alto riesgo.
Según un estudio de 2023 referenciado por el FMI, alrededor del 60% de los países emergentes considera la inclusión financiera una de las tres principales motivaciones para emitir una CBDC. La confianza en ellas surge de sus propiedades para ser el puente ideal hacia la economía formal.
Las CBDC pueden operar mediante un modelo de distribución de dos niveles que incluye a bancos y entidades no bancarias. Esto amplía el alcance y reduce los altos costos operativos de la banca tradicional basada en sucursales.
Como infraestructura digital del sector público, las CBDC priorizan el bienestar público sobre el beneficio comercial. Esto permite una estructura de costos optimizada con tarifas de transacción marginales, asegurando accesibilidad y resiliencia económica.
La población subbancarizada confía más en las CBDC porque están respaldadas por una institución creíble. A diferencia de las entidades privadas, las CBDC son siempre un pasivo directo del banco central, lo que las hace más seguras.
Lo más importante es que las CBDC proporcionan un portal para participar en la economía formal. Pueden permitir el intercambio de datos de transacciones que preserva la privacidad, ayudando a los usuarios a construir historiales crediticios para acceder a otros servicios financieros.
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