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regulacion·16 de septiembre de 2026·4 min·CoinTelegraph

Bernstein espera una regulación “agresiva” de la SEC y la CFTC tras el fracaso del CLARITY Act

Bernstein espera una regulación “agresiva” de la SEC y la CFTC tras el fracaso del CLARITY Act
Foto: CoinTelegraph

El reciente fracaso del CLARITY Act, que buscaba clarificar la jurisdicción de la SEC y la CFTC sobre los activos digitales, ha dejado a la industria de criptomonedas en un estado de incertidumbre regulatoria. En una entrevista con un medio financiero, el analista de la firma de abogados Bernstein afirmó que las agencias federales “publicarán nuevas regulaciones para compensar el tiempo perdido durante las negociaciones del CLARITY Act”. Esta declaración señala un posible giro en la estrategia regulatoria de Washington, con implicaciones directas para los mercados de Bitcoin, Ethereum y otras criptomonedas.

El CLARITY Act, que se presentó en 2022, pretendía establecer un marco claro sobre qué activos digitales se clasifican como valores y, por lo tanto, están sujetos a la supervisión de la SEC, y cuáles se consideran commodities, bajo la jurisdicción de la CFTC. La propuesta incluyó disposiciones para la creación de un registro de activos digitales y la obligación de las plataformas de intercambio de cumplir con los requisitos de registro y reporte. Sin embargo, el proceso de debate se vio obstaculizado por la oposición de varios legisladores y la falta de consenso entre los reguladores, lo que culminó con la votación de clausura fallida el martes pasado.

Bernstein, quien ha seguido de cerca la evolución regulatoria en el sector cripto, explicó que la falta de aprobación del CLARITY Act no significa el fin de la regulación, sino un cambio de enfoque. “Las agencias federales no se quedarán de brazos cruzados”, señaló, “en lugar de eso, se apresurarán a publicar nuevas directrices que llenen el vacío dejado por la falta de una ley clara”. Según él, la SEC y la CFTC podrían acelerar la publicación de reglas de carácter provisional, basadas en la jurisprudencia existente y en la experiencia de otros mercados regulados, para evitar que la incertidumbre se convierta en un riesgo sistémico.

El impacto de una regulación “agresiva” se extiende más allá de la simple clasificación de activos. Los reguladores podrían introducir requisitos de reporte más estrictos, obligaciones de divulgación de riesgos y normas de cumplimiento para los exchanges y custodios. Además, la posibilidad de que la SEC y la CFTC adopten reglas simultáneas o incluso confluyentes podría generar un entorno de doble supervisión, donde las empresas de cripto tendrían que cumplir con dos conjuntos de normas. Este escenario, aunque complejo, también podría ofrecer una mayor protección a los inversores y fortalecer la integridad del mercado.

Para los actores del mercado, la noticia genera una mezcla de cautela y expectativa. Los exchanges de criptomonedas, que han estado operando bajo un marco regulatorio fragmentado, podrían ver la necesidad de reforzar sus sistemas de cumplimiento y adaptar sus procesos internos. Los inversores institucionales, que han mostrado interés en Bitcoin y Ethereum como activos de reserva, podrían beneficiarse de un entorno regulatorio más predecible, aunque también enfrentarán mayores costos de cumplimiento. Por otro lado, los proyectos de DeFi y NFT, que a menudo operan en la periferia de la regulación, podrían ver una mayor presión para alinearse con las nuevas normas, lo que podría ralentizar la innovación en estos sectores.

El contexto histórico también es relevante. La SEC ya ha impuesto sanciones a varias empresas de cripto por supuestas violaciones de la ley de valores, y la CFTC ha intervenido en casos de manipulación de precios en mercados de futuros de Bitcoin. La falta de una ley clara ha llevado a una interpretación ad hoc de las regulaciones existentes, lo que ha generado un ambiente de riesgo legal para los participantes del mercado. La propuesta de una regulación más estructurada, aunque agresiva, podría ser vista como un intento de consolidar la supervisión y reducir la exposición a litigios.

En conclusión, la declaración de Bernstein indica que el fracaso del CLARITY Act no marca el final de la regulación de criptomonedas en Estados Unidos, sino un cambio de rumbo. La SEC y la CFTC están preparadas para lanzar nuevas directrices que, aunque podrían ser percibidas como “agresivas”, buscan llenar el vacío regulatorio y proporcionar claridad a la industria. Para los actores del mercado, la clave será adaptarse rápidamente a las nuevas reglas y aprovechar la oportunidad de operar bajo un marco más estable y predecible, mientras se mantiene la innovación y la competitividad en un entorno cada vez más regulado.

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