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noticias·18 de octubre de 2026·3 min·CoinDesk

Las auditorías cripto dan a los inversores una falsa sensación de seguridad mientras los hackeos del tercer trimestre cuestan 1.180 millones de dólares, según Hacken

Las auditorías cripto dan a los inversores una falsa sensación de seguridad mientras los hackeos del tercer trimestre cuestan 1.180 millones de dólares, según Hacken
Foto: CoinDesk

Las auditorías de seguridad en el ecosistema cripto estarían generando una falsa sensación de protección entre los inversores, según advirtió la firma de ciberseguridad Hacken. La compañía señaló que los hackeos registrados durante el tercer trimestre del año provocaron pérdidas por 1.180 millones de dólares, una cifra que evidencia las vulnerabilidades persistentes en el sector a pesar de la creciente popularidad de las revisiones de seguridad como herramienta de confianza.

El hallazgo central del informe de Hacken apunta a que el 77% de las pérdidas del tercer trimestre estuvo vinculado a proveedores comprometidos, correcciones demoradas o sistemas que quedaron fuera de las revisiones de seguridad más recientes. Es decir, en la gran mayoría de los casos, los ataques no explotaron fallas en componentes que habían sido auditados, sino en eslabones de la cadena que quedaron desatendidos o que no recibieron actualizaciones oportunas tras detectarse problemas.

Esta dinámica revela una brecha estructural en la forma en que los proyectos cripto abordan la seguridad. Una auditoría suele funcionar como una fotografía del estado del código en un momento determinado, pero no garantiza que el sistema permanezca seguro frente a cambios posteriores, integraciones con terceros o vulnerabilidades que surgen con el tiempo. Cuando los equipos no aplican las correcciones recomendadas o cuando los proveedores externos introducen riesgos no evaluados, la auditoría pierde buena parte de su valor protector.

El caso de los proveedores comprometidos resulta especialmente relevante en un ecosistema cada vez más interconectado. Los proyectos de DeFi, las plataformas de staking y las aplicaciones basadas en blockchain dependen con frecuencia de servicios externos, contratos inteligentes de terceros y herramientas compartidas. Un eslabón débil en esa cadena puede convertirse en la puerta de entrada para un ataque, incluso si el protocolo principal cuenta con certificaciones de seguridad y auditorías favorables.

La demora en la aplicación de correcciones es otro de los factores señalados por Hacken. En el ámbito del desarrollo de software, es habitual que las auditorías identifiquen problemas que requieren solución, pero el ritmo de implementación depende de la prioridad que cada equipo le asigne. En un sector donde los fondos de los usuarios están expuestos de forma directa y permanente, postergar esas actualizaciones equivale a mantener abierta una ventana de riesgo que los atacantes pueden aprovechar.

El informe también pone el foco en los sistemas que quedaron fuera de las revisiones de seguridad más recientes. A medida que los proyectos evolucionan y agregan funcionalidades, el perímetro de ataque se expande, y las auditorías originales dejan de cubrir la totalidad del código en producción. Sin procesos continuos de revisión, las nuevas incorporaciones pueden introducir fallas que nadie evaluó antes de que los fondos quedaran expuestos.

Para los inversores, la implicación práctica es que una auditoría no debería interpretarse como un certificado de invulnerabilidad. La advertencia de Hacken sugiere que conviene analizar otros factores, como la frecuencia con que un proyecto actualiza sus revisiones de seguridad, la gestión de sus dependencias externas y la rapidez con que responde a las vulnerabilidades reportadas. La seguridad, en este contexto, es un proceso continuo y no un sello que se obtiene una sola vez.

El dato de los 1.180 millones de dólares en pérdidas durante el tercer trimestre subraya la magnitud del desafío para la industria. Aunque las auditorías siguen siendo una herramienta valiosa y necesaria, el informe de Hacken deja claro que su alcance es limitado si no se acompañan de monitoreo constante, actualizaciones oportunas y una gestión rigurosa de los riesgos que introducen los proveedores y los sistemas periféricos.

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