El auge de la tokenización en Wall Street tiene un problema de liquidez: CEO de Axis

Mientras el mercado de activos tokenizados del mundo real (RWA) supera los 32 mil millones de dólares y gigantes como JPMorgan presentan solicitudes para nuevos fondos tokenizados, la euforia en Wall Street podría estar celebrando el hito equivocado. Así lo advierte Chris Kim, CEO de Axis, quien sostiene que la industria está ignorando un problema estructural crítico: la liquidez. En un momento en que la tokenización de activos tradicionales —desde bonos del Tesoro hasta bienes raíces— se promociona como el próximo gran salto de las finanzas descentralizadas (DeFi), Kim plantea una pregunta incómoda: ¿de qué sirve tokenizar si no hay compradores dispuestos a negociar esos tokens en el mercado secundario?
El optimismo en torno a los RWA no es infundado. Grandes instituciones financieras han estado liderando la carga: JPMorgan, con su plataforma Onyx, ha procesado cientos de miles de millones en transacciones tokenizadas, y su reciente solicitud para un nuevo fondo tokenizado refuerza la tendencia. Sin embargo, Kim señala que el volumen total de 32 mil millones de dólares, aunque impresionante en términos de emisión, no refleja la actividad real de trading. “Estamos viendo una avalancha de emisiones, pero los mercados secundarios siguen siendo extremadamente delgados”, explica el ejecutivo. Esto significa que, aunque los activos se convierten en tokens en la blockchain, la capacidad de comprarlos o venderlos sin afectar drásticamente su precio sigue siendo limitada.
El problema de liquidez no es nuevo en el ecosistema cripto, pero adquiere una dimensión particular cuando se trata de activos del mundo real. A diferencia de las criptomonedas nativas como Bitcoin o Ethereum, los RWA dependen de la confianza en los emisores y de la existencia de mercados organizados. En el caso de los bonos tokenizados, por ejemplo, la mayoría de las transacciones ocurren en mercados over-the-counter (OTC) o a través de plataformas privadas, lo que reduce la transparencia y la profundidad del mercado. “Si un inversor institucional quiere salir de una posición de 10 millones de dólares en un bono tokenizado, hoy en día probablemente no encontrará contraparte sin un descuento significativo”, advierte Kim.
Esta falta de liquidez tiene implicaciones directas para la adopción masiva. Los gestores de activos y los fondos de pensiones, que son los actores naturales para este tipo de productos, requieren mercados donde puedan entrar y salir de posiciones con facilidad. Sin un ecosistema de market makers y protocolos de préstamo descentralizados que integren estos tokens, los RWA corren el riesgo de convertirse en “activos zombi”: emitidos pero raramente negociados. De hecho, datos de plataformas como rwa.xyz muestran que, aunque la capitalización de mercado de los RWA ha crecido exponencialmente, el volumen diario de trading en exchanges descentralizados (DEX) sigue siendo una fracción mínima de ese total.
La solución, según Kim, no pasa solo por emitir más tokens, sino por construir infraestructura de liquidez. Esto incluye el desarrollo de protocolos de staking para RWA, la integración con pools de liquidez en DeFi y la creación de estándares de interoperabilidad entre blockchains. “Necesitamos que los RWA sean colateral en protocolos de préstamo, que se puedan usar en yield farming y que tengan mercados de futuros y opciones”, afirma. Sin estos componentes, la tokenización corre el riesgo de repetir los errores de las primeras ofertas iniciales de monedas (ICO), donde la emisión superó con creces la demanda real de trading.
El caso de JPMorgan es ilustrativo. Si bien el banco ha sido pionero en tokenizar depósitos y bonos, su enfoque ha sido principalmente institucional y cerrado. La nueva solicitud de fondo tokenizado podría cambiar las reglas del juego si logra atraer a inversores minoristas y crear un mercado secundario líquido. No obstante, Kim advierte que la regulación también juega un papel clave: “Los reguladores aún no han definido claramente cómo se tratan los RWA en términos de custodia, reporting y requisitos de capital. Eso frena a los creadores de mercado”.
En conclusión, mientras Wall Street celebra los 32 mil millones de dólares en RWA como una señal de madurez, la industria debe mirar más allá del volumen de emisión. La verdadera prueba de fuego será si estos activos pueden sostener un ecosistema de trading vibrante y descentralizado. Como señala Chris Kim, “el próximo hito no debería ser cuánto emitimos, sino cuánto se negocia”. Si la liquidez no mejora, la tokenización corre el riesgo de quedarse en una promesa incumplida, atrapada entre la innovación tecnológica y las realidades del mercado financiero tradicional.
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