Si Facebook ha tenido un año de lo más intenso en relación al uso de sus tecnologías y cómo afecta eso a las personas, Google puede decir lo mismo. Con muchos ojos observando un posible retorno a China con una plataforma censurada y tras haber vivido las protestas de miles de sus empleados hace unos meses por su participación en un proyecto con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, ahora la compañía de Mountain View, en una muestra de responsabilidad, dejará de pujar por un contrato con el organismo norteamericano que habría supuesto unos beneficios potenciales de 10.000 millones de dólares.

Así ha informado la compañía que no presentaría una propuesta, citando el disgusto con los términos (Google y otros postores querían que el Pentágono dividiera el contrato entre varios postores en lugar de adjudicarlo todo a uno) y la incertidumbre de que el contrato se alinearía con Principios de inteligencia artificial de Google.

La decisión llega a pocas horas de que se finalice el plazo, ya que el proceso de licitación abierto por el Pentágono termina esta semana. De todas las compañías en esta carrera, Google era probablemente la que más posibilidades tenía, seguido de Amazon, Microsoft, IBM y Oracle, que ahora se disputaran entre ellas un contrato de aproximadamente 10 años y cuyo ganador se conocerá a finales de año.

En declaraciones a Bloomberg, Google asegura que han decidido retirarse, en primer lugar, porque “no podemos estar seguros de que (el proyecto JEDI) contravenga nuestros principios sobre el uso de la inteligencia artificial”. Estas declaraciones recuerdan a las protestas de los empleados de la compañía en anteriores proyectos gubernamentales.

Alrededor de cuatro meses atrás, Google decidió no renovar su contrato con el Pentágono por el “Proyecto Maven” que analizaba mediante el uso de la inteligencia artificial (IA) las imágenes de drones tomadas en zonas de conflicto. Las protestas de los empleados cuando descubrieron el verdadero objetivo de su trabajo, que hasta ese momento se había mantenido en secreto, obligaron a la compañía a replantearse su colaboración con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos; una tendencia que se está extendiendo entre las grandes compañías tecnológicas acostumbradas al secretismo comercial y que ahora se están encontrando con la negativa de los empleados que se oponen a trabajar en contra de sus principios éticos y morales.

Es por ello que en junio, la compañía decidió publicar sus principios ético y morales, donde se especifica que no desarrollará tecnología de IA que pueda causar daños, facilite el desarrollo de armas, proporcione vigilancia que viole las normas internacionales o contravenga el derecho internación y los derechos humanos.

Otra de las explicaciones que da Google para rechazar el llamado Joint Enterprise Defense Infraestructure o JEDI es que “había partes del contrato que estaban fuera del alcance de nuestras actuales certificaciones gubernamentales”, pues la compañía aún colabora con otras instituciones del gobierno de los Estados Unidos.

De esta forma, el camino queda libre para Amazon, que se posiciona como la principal alternativa a los servicios de Google. Sin embargo, la mayor polémica ha surgido porque los rivales consideran que Amazon Web Services corre con ventaja, debido a que tiene un contrato vigente con la CIA, bajo el cual administra en sus sistemas datos altamente secretos.

La empresa ganadora deberá cumplir con estrictos estándares, como por ejemplo, alojar datos clasificados dentro de los 180 días posteriores a la asignación del contrato.

“La adjudicación única es conveniente porque, entre otras cosas, mejora la seguridad”, declaró Heather Babb, la portavoz del Departamento de Defensa.

“Ningún proveedor ha sido preseleccionado”, agregó, en respuesta a la molestia expresada por varios contendientes contra el presunto favoritismo hacia Amazon.

De hecho, Oracle presentó una queja formal sobre este asunto en agosto, mientras que IBM declaró públicamente su rechazo a la “situación privilegiada” de la empresa de Jeff Bezos.